Hábitos alimentarios saludables durante el verano

Sol, calor, vida relajada, ausencia de rutinas… Si nos dejan: terrazas, viajes, tapeo, vida nocturna… Nuestro ritmo de vida suele cambiar mucho durante el verano, especialmente en vacaciones. Tendemos a los excesos, también respecto a la alimentación. Si en el post anterior dábamos 5 consejos de salud para aprovechar el verano, en este nos centraremos en la alimentación. Ése gran caballo de batalla.

Hidrátate

En verano necesitamos aumentar nuestra ingesta de líquidos. Conviene beber entre 2 y 3 litros al día entre agua, infusiones y zumos. No debemos esperar a tener sed. La sed nos indica que nuestro cuerpo ya está deshidratado. Es mejor anticiparse, bebiendo con regularidad a lo largo de la jornada. Podemos además hidratar nuestro organismo a través de la dieta. Si ingerimos alimentos ricos en agua, además de alimentarnos, nos hidrataremos. La hidratación se vuelve aún más importante si practicamos ejercicio o si trabajamos al aire libre. La demanda de líquidos aumenta en este caso. Y se hace aún más necesario evitar la sed.

Producto de temporada

Los chefs insisten cada vez más en ello. Con razón. Cocina hecha con producto de temporada. Y en verano los productos de temporada por excelencia son frutas, verduras y hortalizas. Si son de proximidad, mejor. En esta estación abundan. Tenemos cientos de variedades. Nos ayudan a hidratarnos y a disminuir el aporte calórico. Pueden tanto formar la base de las comidas principales, como servir de recurso saludable a media mañana o media tarde. Y la mejor forma de consumirlas, para aprovechar todas sus vitaminas y minerales, es en crudo y completas (los zumos están sobrevalorados). Melón, sandía, fresa, frambuesa, fruta de hueso; tomate, berenjena, calabacín, pepino, lechuga…

Modera las cantidades

Y la calorías. En verano no necesitamos tanto aporte calórico. Así que podemos disminuir tanto la cantidad como la carga calórica de los alimentos. Recurre a alimentos bajos en grasa. Modera el consumo de carne roja. El pescado, 4-5 veces a la semana. De éstas, 2-3 pescado azul, tan rico en Omega3. La forma de preparar la comida también es relevante, en especial si comes fuera de casa. Evita los fritos, modera los platos guisados; si necesitas aceite, que sea de oliva; usa y abusa de la plancha, del vapor, de lo cocinado en su propio jugo y de las ensaladas. Respecto a las ensaladas, hay vida más allá del tomate y la lechuga. Aprovecha el producto de temporada disponible (pimiento, zanahoria, guisante, rabanito). Además de la lechuga, usa como base la pasta, las legumbres o el arroz. Añade pequeñas cantidades de quesos ligeros, de pechuga de pollo o pavo, o de frutos secos. Una ensalada puede ser una auténtica explosión de sabores.

Ojo con lo que bebes

El verano nos lleva a las terrazas. Las terrazas, a los pinchos y la tapas. Y éstos, al alcohol y a las bebidas azucaradas.
De tener que escoger, mejor un vino o una cerveza que cualquiera de esas bebidas atiborradas de azúcar. Pero hay alternativas. ¡¿Por qué no un zumo natural?! Recuerda que el alcohol nos deshidrata, además de las calorías que contiene. Los zumos (aunque, como he dicho, están sobrevalorados) nos aportan hidratación y azúcares saludables.

Caprichos

Sí, puedes permitirte algún capricho. Siempre que no sea un hábito. No te engañes alternando los caprichos para no ver que has convertido en rutina lo que debería ser excepcional. Si cada día te permites un desliz, eso es una costumbre y ya vas por el mal camino. Rectifica. Un capricho muy ocasional es algo mentalmente saludable. Nos ayuda a ser disciplinados con nuestros hábitos de salud. Haz que juegue a tu favor.

Y recuerda: aprovecha lo que el verano te ofrece para cuidarte.

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