El cuello, ése gran olvidado

Cuidamos la piel de nuestra cara, cuidamos la piel de gran parte de nuestro cuerpo, pero cuello y escote pertenecen a esa frontera difusa entre lo uno y lo otro. Como el dorso de las manos, pero de esto ya hablaremos otro día.

Es difícil saber cómo debemos cuidar la piel del cuello y el escote. ¿Aplicamos los mismos productos que usamos para la piel de la cara o los que usamos para el resto del cuerpo? Lo cierto es que ni lo uno ni lo otro. La piel de cuello y escote es más fina que la del rostro. Está casi igual de expuesta al sol. Tiene menos colágeno y elastina, lo que facilita la aparición de estrías y flaccidez. Y por último sus niveles de melanina, que nos protege de la radiación solar, son también inferiores porque el número de melanocitos en cuello y escote que la producen es menor. Así que requiere de distintos cuidados; y de productos diferentes.

¿A partir de qué edad debemos empezar con los cuidados?

Pues lo cierto es que los primeros signos de envejecimiento en estas zonas tienden a aparecer a partir de los 35 años. Así que es recomendable comenzar a aplicar tratamientos específicos de antienvejecimiento a partir de los 30. Lo más importante es atajar el problema antes de que se produzca. Prevenir, como siempre.

Efectos del envejecimiento en cuello y escote.

A partir de esta edad la ya inferior producción de elastina y colágeno en cuello y escote comienza a decaer. Piel y músculo pierden por ello elasticidad. Disminuye también la capacidad para retener agua lo que se une al descenso de los estrógenos y provoca el aspecto de flaccidez y descolgamiento bajo el mentón. Eso que tan gráficamente denominamos papada y que también puede generarse por sobrepeso.

A partir de los 45, comienzan a ser visibles los efectos derivados de la pérdida de tensión del músculo “platisma” (un conjunto de fibras que en forma de lámina recorren el cuello desde la mandíbula hasta el tórax).

Un tercer signo de envejecimiento son las líneas horizontales que aparecen, derivadas de la pérdida de producción de colágeno y la exposición al sol. Lo que se suele agravar en caso de personas fumadoras o de quienes no se hidratan suficientemente.

A estas líneas se suman, por último, las líneas verticales de origen postural (son las arrugas de expresión de cuello y escote), que también se acentúan debido al exceso de exposición solar y el descenso de la producción de colágeno y elastina.

¿Y cómo puedo prevenir este envejecimiento y cuidar a esos dos grandes olvidados, cuello y escote?

  1. Deja de usar los mismos productos con que cuidas la cara o el resto del cuerpo: no te aportan nada en realidad.
  2. En vez de aplicar los típicos productos que afirman aportar colágeno o elastina o lo que prometan, busca productos con formulaciones basadas en la epigenética. No se trata de darle a la piel lo que va dejando de producir, sino de estimularla para que vuelva a producir las cantidades óptimas de colágeno y elastina. Ésta es la clave.
  3. Realiza ejercicios específicos para fortalecer la musculatura de la zona. En el cuello hay numerosos músculos en interacción que necesitan trabajo localizado y bien dirigido.
  4. Elimina el tabaco de tu vida.
  5. Reduce la exposición al sol o protege especialmente cuello y escote, incluso en días poco soleados.
  6. Aumenta el consumo de líquidos: tu cuerpo necesita hidratación.
  7. Y ya sé que es difícil controlar nuestras posturas y gestos, pero como adoptar buenos hábitos posturales (lo cual puedes desarrollar practicando yoga, pilates o hipopresivos) es importante para la salud de la espalda, ¿por qué no añadir un segundo motivo que nos aliente? Una espalda recta y un cuello naturalmente estirado no sólo contribuyen a evitar dolores musculares, hernias y demás, también favorecerá la salud de la piel de nuestro cuello y nuestro escote.

En definitiva. Recuerda: la edad y la salud también se muestran en el cuello. Cuídalo.

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